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Galadriel [Líder]

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Galadriel [Líder]

Mensaje por Jess [Galadriel] el Lun Jun 15, 2015 7:56 pm

Jessica Stam



Información general

Apodos: Galadriel, Stam, Jess.

Edad: 28 años.

Orientación Sexual: Bisexual.

Nacionalidad: Canadiense.

Raza: Humano.
Descripción del personaje

Personalidad: Jessica es una mujer camaleonica en muchos sentidos. Su profunda mirada denota tranquilidad, pareciera que se mantiene despreocupada y que el mundo poco le importa, pero dista lejos de ello. Al igual que su antiguo cuerpo, es una mujer seria, apacible y estricta. Nunca mostrará su enojo de forma negativa, antes de tomar cualquier acción, primero la meditará, para ella el mundo es un gran tablero de ajedrez, en donde un mal movimiento de piezas podría significar la derrota. Sus puntos buenos, es que es una mujer comprensiva cuando se le trata con raciocinio y no con sentimentalismos, es una mujer que siempre va a ver por su clan y dar la vida por sus seres queridos, para ella vivir significa proteger lo que más ama. Su reencarnación también le ha enseñado algunas cualidades personales, es toda una mujer en la extensión de la palabra, es orgullosa, vengativa, cariñosa, celosa, vanidosa, caprichosa, entre otras emociones y circunstancias que la muevan internamente, aun está descubriendo el mundo y con éste, cada sensación que pueda recorrer su cuerpo. En cuanto a la religión, suele creer en sus propios dogmas con fidelidad, aunque la misericordia no fue hecha para ella, siempre defendiendo lo que es “suyo” como toda mujer impulsiva, no le gusta dejar las decisiones en manos de los demás, ni siquiera en las de dios, tampoco esto la hace cobarde o valiente, simplemente si siente que debe de hacer algo, lo hará, sin esperar órdenes de nadie.

Apariencia: Esta mujer mide aproximadamente de 1.79 de estatura, posee caderas estrechas y su figura destaca por ser realmente esbelta. Dejando lejos la forma de sus medidas o estatura, lo que más llama la atención en ésta mujer, son sus ojos de gato, cada orbe posee un azul hielo que en conjunto con sus suaves y delineados labios le dan a su rostro ese estilizado felino. Es de gélida piel, la cual se funde con su perfecto tono platinado en los cabellos. Suele cambiar su color natural de cabello, dependiendo de las campañas publicitarias, pero si en ella estuviera la opción, siempre usaría su tono primario. Está muy orgullosa de sus largas y torneadas piernas, y las luce cada vez que la ocasión lo amerita. Stam pudo haber sido originaria de una granja canadiense, pero la joven tiene más porte y estilo que cualquier mujer nacida en cuna de plata. En definitiva, la unica palabra que podría definir a Jess es: Hermosa.
Historia

primera aparición:

Tiempos en los que ser Nephilim era tan solo un mito, época en el cual tener algún tipo de relación con lo sobre natural, o simplemente desconocido para la mente humana, era severamente castigado… tiempos de la santa inquisición.

Una pequeña aldea se alzaba en las profundidades del bosque, en el centro de aquella comunidad se encontraba una gran explanada, en otros tiempos fue usado como punto de comercio entre los aldeanos,  pero actualmente servia como hoguera para quienes eran acusados de brujería o tener pactos con el diablo. Los habitantes de aquel lugar vivían con el constante miedo de ser castigados por seres sobre naturales, por lo que, una gran muralla de madera se alzaba alrededor de todo aquel poblado, su menesteroso intento de sentirse protegidos.

Todas las mañanas una pequeña niña de escasos 7 años de edad, atravesaba aquella gran explanada, entre sus manos llevaba una canasta con frutas, desayuno habitual de sus padres, y de su pequeño hermano de apenas 2 años de edad. La pequeña tenía los ojos fijos en el piso, no quería ver la gran hoguera que se alzaba en el centro, tenía miedo de lo que probablemente vería atado en ésta, de conocer el rostro del futuro condenado, de ver con sus propios ojos la cercanía de la muerte, y aún para aquella infante, no era tan difícil saber que aquel lugar de sacrificio era considerado como tal, una muerte lenta y dolorosa.  

“Desviar la mirada no hará que desaparezca lo que no quieres ver”
La pequeña observó a su alrededor, estaba segura que aquella voz le había hablado directamente, pero absolutamente nadie le miraba, la gente seguía su camino cotidiano sin prestar atención a los demás, únicamente había un alto hombre detrás de ella, quien miraba absorto la hoguera, no podía adivinar su vestimenta puesto que una capa oscura cubría totalmente su cuerpo, tan solo podía ver las facciones de su rostro, era muy joven y aunque sus rasgos eran muy finos, conservaba ese semblante varonil, todos pasaban de él ¿Qué no podían verle? La pequeña se frotó los ojos con ambas manos, estaba segura que aquella persona existía, y más, de que algo resplandecía entre su ropaje. Le miraba con absoluto detenimiento, que aquel hombre giró su cabeza lentamente, desviando su atención de la hoguera, posando cada hermoso orbe sobre la pequeña, quien tan solo pudo contener el aliento unos instantes, seguramente había palidecido, sabiendo que aquel sujeto se acercaría a ella, en verdad, ¿nadie les veía? Intentó retroceder un paso, dejando la canasta en el suelo para correr con facilidad, pero sus piernas le traicionaron y se quedaron paralizadas, ya era tarde, el joven estaba muy cerca de ella.

- Mi misión era encontrarte, pero veo que tu terminaste haciéndolo por mi –tomó la frágil mano de la infante y en ella depositó un amuleto, la luminosidad antes vista, provenía de aquel objeto- Mi regalo para ti, pequeña luna nueva, pronto te veremos resplandecer –la niña miró atenta aquel amuleto, sabía que no le estaba permitido recibir regalos de extraños, debía devolverlo lo antes posible antes de que alguien en la aldea les viera y también fueran juzgados bajo brujería, la paranoia era normal en aquellos días, sin embargo aquel hombre, como si adivinara sus pensamientos, de inmediato agregó- Luxfero, ya no soy un extraño, pronto seremos aliados, ten eso en mente – la pequeña no tenía idea de lo que aquel hombre intentaba decir, pero al alzar de nuevo la mirada, él ya había desaparecido.

- ¡Bruja, bruja! –voces detrás de ella comenzaron a intensificarse, la tan común multitud no se hizo esperar, un escalofrío recorrió por completo el cuerpo de la pequeña, por unos instantes pensó que se referían a ella, y aunque el adjetivo no le iba tan mal desde ahora, la acusada era otra, una joven de la aldea iba a ser condenada en aquel día dentro de la hoguera. La infante escondió el amuleto entre su ropaje y tomando de nuevo la canasta de frutas, corrió hasta su hogar, pronto se escucharían los gritos de aquella joven, y no deseaba estar presente.

Esa misma noche, mientras todos dormían, un incendió efectuado desde la hoguera, se extendía lenta y silenciosamente por toda la aldea, consumiendo cada casa a su paso. El intenso humo se filtraba en cada uno de los hogares, haciendo aún más profundo el sueño de sus habitantes.

“Fuego, tienes que pronunciar fuego”
La voz que creyó escuchar en la explanada, se hacía presente a mitad de la noche, no era molesta, al contrario, su entonación era tranquila, casi un susurro, pero tan directo en su mente que era imposible ignorarla, aún en su más profundo sueño- Fuego… ¿Fuego? –dijo la pequeña, frotándose el ojo izquierdo mientras se sentaba sobre su cama, alrededor de ella todo se encontraba en llamas, sin darse cuenta, ella misma vestía una armadura a su medida.

“Perfecto, hoy vivirás mi dama”
Era esa misma voz, parecía muy complacida, aunque aún no podía descifrar a quien le pertenecía, la armadura dio un ligero resplandor dorado, y él único cambió que la pequeña percibió fue, el ya no sentir el intenso calor de cada llamarada, aunque el fuego a su alrededor la envolviera, no sufriría daño alguno. Esa era la propiedad de las armaduras cabalísticas, proteger a su invocador de los primeros dos elementos que pronuncie con claridad. La niña regresó su mirada a la cama, su pequeño hermano debía estar durmiendo con ella, como todas las noches, pero no fue así, él no se encontraba en ella, sus ojos se abrieron de inmediato, buscando debajo de la cama y a sus alrededores, sin rastro alguno de el pequeño, atravesó aquella habitación, lo único que pensaba era en su hermano menor, ¿sus padres? ¿Estaría con ellos? Las paredes ya estaban cubiertas en llamas, el cuarto se tenía de tonalidades escarlatas, pero la temperatura de la pequeña, así como su propia piel, parecía no ser afectada. La habitación que daba al cuarto de sus padres se encontraba abierta y cubierta en llamas, dio apenas dos pasos dentro de ella cuando aquella voz hablo de nuevo en su mente – “Detente” – pero la  niña no hizo caso – Mírame, por favor… Changmin… -dijo la pequeña al encontrar a su hermano sentado al borde de la cama de sus padres, con ambas manos cubriéndose el rostro, las llamas ya habían alcanzado la cama y a cada uno de sus padres, ¿por qué su hermano no se movía?, solo lloraba, aquel llanto le llegaba mucho más profundo que la voz de su elemento, desobedeciéndolo y caminando hasta el menor- “He dicho que te detengas, ¡Ahora!”- la voz fue determinante, la niña paralizó su paso en seco, segundos después, un enorme y largo pilar se desplomaba desde el techo, obstruyéndole el paso, a escasos metros delante de ella, la cama de sus padres se encontraba totalmente en llamas, aquel niño ya no estaba en el borde de la cama, si no acostado entre ambos cuerpos calcinados de sus padres, ¿En que momento llegó ahí? No podía verles con claridad, el humo era asfixiante y el calor le nublaba la vista. En aquel momento, la pequeña lloraba, ahí de pie y sin poder hacer nada por ellos, pero cada lágrima derramada era inmediatamente evaporada por el intenso calor que le rodeaba. Odiaría a aquella voz, la aborrecería con todo su ser, por alejarla de lo que más quería, porqué su destino era estar en esa cama, junto a ellos.


El cielo se tenía de diversos colores, cual aurora boreal. Cada luz era un Nephilim, el cual se dirigia hacia una nueva vida. Su misión había sido encausada a un nuevo rumbo. Hace mucho que debieron exinguirse, pero Galadriel se aferro en obtener un mejor futuro para los suyos. Quizás, ese mejor futuro que tanto anhelaba no era la finalidad de su causa. Encontro en los humanos más poder y más magia que los poseidos por los propios Nephilims. Era tiempo de continuar, de forma diferente, pero siempre hacia adelante, con los suyos.

Ante todo, aún faltaba una despedida, antes de que Galadriel se uniera al sin fin de luces.

- Te encontré en tu momento más indefenso, y me encontraste cuando más desesperada estaba por salir de mi prisión. En conclusión podría decir que ambas nos encontramos en el momento que más nos necesitábamos la una de la otra. - la voz de Galadriel rompía la silenciosa noche.

- Teníamos miedo, de perder lo que más queríamos. - El reflejo de Mika se asomaba tímidamente sobre el espejo de piso que tenía frente a ella. La habitación tan oscura como siempre, dejaba entrar recelosamente entre las cortinas finos rayos de luz de luna.

- Yo ya había perdido todo, pero me aferre a tu pequeño cuerpo. - recordó la Nephilim, con un poco de dolor.

- Me diste una segunda oportunidad. Contigo logré ser… - refutó la líder, pues para ella, todo lo que Galadriel fue y significó en su vida, le dio sentido a su causa y existencia.

- ¿Ser qué?

- Una gran líder, madre...

- ¿Líder de que clan? ¿Madre de quién? ¿Hermana de alguien? Viviste para que yo fuera arrebatándote poco a poco lo que querías… por mis ideales, por mi lucha, por negarme a mi destino.

Un silencio invadió el recinto de descanso de la Líder Nephilim. El clan estaba dividido, varios habían huido por el miedo que regía en Budapest, muchos otros habían abandonado a sus Nephilims para seguir sus vidas como mortales. Además que la líder desconocía el paradero de sus hijos, y de su hermano. No tuvo idea de que sucedió con Marius y con Hyde. Estaba totalmente sola, hablándole a su reflejo.

- Me estás diciendo a estas alturas, que todo por lo que he luchado ¿ha sido en vano? - Se negaba a creer las palabras de Galadriel. No iba a aceptar que su lucha fue en vano.

- Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que ya es tiempo de evolucionar, necesitas hacerlo en este momento. He estado muy equivocada todo este tiempo, pensé que yo era tu fuerza para seguir adelante, que mi poder te hacia fuerte. Mika, tu pudiste lograr todo esto sin mí, los humanos poseen un gran poder, y nosotros lo único que hemos hecho, es potenciarlo. Has hecho ya demasiado por mí, es hora de que yo me encargue de los míos, y tú puedas vivir una vida más tranquila, más humana.

- No me dejes sola… - a la líder se le quebró tanto la voz que ya no pudo articular palabra alguna. Odiaba tanto la soledad, que se había convertido en su principal fobia. Galadriel había sido la única   a su lado en momentos desesperados ¿y ahora planeaba dejarla?

- No te elegí para hacerte daño, ni mucho menos para volverte loca. Quiero recompensar todos estos años, antes de reencarnar con los míos. Mika, vive una vida nueva.

- Te necesito.

- Ya no más.

A la mañana siguiente, renacidos rayos solares entraron a la habitación de la joven, revistiendo cada rincón de cálidos colores.  Mika había dormido tan profundamente que se sentía revitalizada, aunque no recordaba nada de lo sucedido la noche anterior, ni porqué sus mejillas tenían aún una sensación húmeda. Todo a su alrededor se encontraba en perfecto estado y en profundo silencio.
El sonar de la puerta irrumpió su tranquilidad, dando paso a una joven sirvienta, fiel a la familia Nakashima. – Mi joven dama, las maletas están listas, tal como ordenó. Todo está preparado para su viaje. – Mika no recordaba absolutamente nada de haber preparado algo, pero sentía muy en su interior, que las palabras de la joven eran ciertas, así que, sin cuestionar nada, se incorporó y alistó para salir de la mansión.

El bullicio del aeropuerto era relajante para quien fue la líder Nephilim. Se sentía extrañamente en paz entre tantos desconocidos, familias alegres rondando por los pasillos. Entre tanta gente, pudo divisar a lo lejos a una hermosa mujer, sus facciones eran tan finas como una muñeca de porcelana, sus ojos reflejaban lo camaleonica que podría llegar a ser, y sus cabellos tan platinados como la luz lunar. Destacaba en todos los sentidos del resto de las personas, sin duda se llevaba más de una mirada a su alrededor, y pareciera que, aunque la mayoría de los ojos estuvieran puestos sobre ella, ella solo tenia la mirada posada en Mika. Su paso fue lento al momento en que, hombro con hombro se cruzaron entre sus caminos, y de forma inmediata una sensación de nostalgia recorrió el cuerpo de la antigua lider, en su mente, un nombre resonó en silencio: Galadriel.

- Disculpe… - dijo Mika, girando sobre su propio eje para mirar directamente a la platinada. - ¿Nos hemos visto en algún otro lugar?
La joven detuvo su paso, para poder también encontrarse frente a frente con los profundos ojos de Mika. – Mademoiselle, estoy segura que jamás olvidaría unos ojos como los que usted posee.

- Es lo normal – apareció otra mujer detrás de ella, con un traje ejecutivo tan entallado que remarcaba perfectamente sus curvas. – La señorita Stam es el rostro de diversas marcas. Quizás la haya visto en algun anuncio publicitario. Es lo más normal. –repitió enfatizando lo ultimo mientras acomodaba sus gafas alargadas sobre el puente de su nariz.

- Altair - susurro el nombre de su acompañante para que le devolviera la palabra. – Estoy segura que yo también he visto a la dama. – clavó su mirada en los ajenos - ¿O no es así? En alguna otra vida nos hemos encontrado. Pero esta vez es diferente. Si hoy estamos aquí, es porque ya no me necesitas.

Mika no supo que responder ante aquellos comentarios. Ante su silencio, la joven contraria volvió a tomar la palabra.
- No estoy aquí para hacerte daño, ni mucho menos para volverte loca.

De inmediato los orbes de Mika se crisparon, sin saber porqué, aquellas palabras habían tocado un lugar muy profundo de su ser. En ese instante, se anunciaba por todos los altavoces el próximo vuelo con destino a París.

- ¡Oh! Ese es mio. Un placer volver a verla, espero pronto poder reencontrarme con usted. – la platinada entrelazó sus manos con las ajenas, dejando entre ellas una tarjeta de presentación con todos sus datos incluidos.

- Gala… -balbuceó la pelinegra, pero la contraria no dejó que terminará sus palabras.

- No pronuncies un nombre que aún desconoces. Llámame únicamente Jess.

Y desde entonces, los caminos entre ambas mujeres se separaron, tan lejos como los propios continentes.
Jess:

Curiosidades

Lo que le gusta/odia: pendiente

Miedos/Fobias:pendiente

Otros: pendiente.

_________________

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