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Jung Hae Won [Ángel]

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Jung Hae Won [Ángel]

Mensaje por Jung Hae Won [Harahel] el Dom Mayo 24, 2015 1:57 am

Jung Hae Won.



Información general

Apodos: --

Edad: 24.

Orientación Sexual: Homosexual.

Nacionalidad: Coreano.

Raza: Ángel.

Descripción del personaje

Personalidad: La personalidad de Hae se ve claramente diferenciada entre el ámbito laboral y el personal.
A pesar de no tener mucha experiencia en su profesión, o mejor dicho a causa de esto, frente a sus estudiantes se presenta mucho más serio de lo que realmente es. Esto, por una parte, para mantener la autoridad que su juventud podría quitarle como maestro, y por otra, porque para él su trabajo es su vida. Mas aun, no importa que tan en serio quiera parecer, esto no quita que pueda ser igual de juguetón, amable y compasivo con sus muchachos en el salón clase. Dicho equilibro entre profesionalismo y cercanía es el que le ha otorgado la simpatía de la mayoría a quienes enseña.
De ese modo encontramos que, en contraste con su yo laboral, su forma de comportarse en su vida personal es mucho más espontanea y relajada. Quien lo viera, por poco reconocería a un profesor en este chico rebelde, inmaduro y desordenado.
Su amplia sonrisa lo acompaña todo el tiempo. Es inquieto, infantil y versátil, no de ideas demasiado alocadas, ni irresponsables, pero siempre que se trate de apoyar a un amigo o emprender un proyecto su respuesta siempre será un “¡Vamos!”.
Cuando se trata de mujeres puede ser un poco más distante, sin embargo, no dejará de mostrarse alegre, divertido y amable.
Jamás se ha enamorado, por tanto, poco o nada sabe sobre relacionarse de ese modo con las personas y pese a que la mayoría del tiempo es muy sincero acerca de lo que piensa, puede llegar a ser algo más reservado cuando se trata de sus emociones, aunque no es algo que lo preocupe demasiado tampoco.
Sea cual sea la situación siempre intentará darle la mejor solución ya que en general no es alguien que se haga demasiados problemas. Tal como su padre, lucha y sigue adelante.

Apariencia: Su tez es clara, su contextura es delgada y su altura bordea el metro ochenta. Posee rasgos finos y bien definidos, ojos castaño oscuro, pómulos prominentes y labios gruesos, en tanto el cabello que enmarca su rostro es de características variables. A causa de su empleo como maestro, la mayor parte del tiempo lleva el cabello corto y muy bien acomodado, esto como un método para lucir ante sus alumnos mucho más serio y maduro de lo que realmente es. Por otro lado y en menor frecuencia, aunque sea más cómodo para él, su cabello puede encontrarse con una extensión mayor y un peinado menos meticuloso.
Respecto a la vestimenta la situación es similar. Durante la semana y sus horarios de trabajo su indumentaria es semi-formal y meticulosa, predominando así el uso de camisas, pantalones de tela, sweaters, corbatas y zapatos de vestir. Diferentes son los fines de semana y las vacaciones, donde sus prendas son mucho más sencillas y su apariencia mucho más despreocupada; en estos casos es más común el uso de polerones, jeans, zapatillas y camisetas. Sea cual sea la situación, en cuanto a colores no es realmente exigente, la variación entre colores tradicionales y algunos más a la moda no tienen estructura alguna.

Historia


Él era un estudiante de clase media, inteligente y responsable, que soñaba con ser médico. Ella, que por su parte tenía una situación económica más acomodada, huía del deber y se portaba como una chica malcriada. Compartían escuela e incluso estaban en la misma clase, sin embargo, nadie se hubo sospechado de su amor hasta que les vieron juntos por los pasillos, tomados de la mano y riendo. Pudo parecer entonces el típico romance de escuela que se marchita apenas unos meses después de graduados, mas, aun cuando él consiguió entrar a la escuela de medicina y ella decidió que las artes culinarias serían lo mejor para ella, ni el estudio o los exámenes lograron distanciarlos. En ese momento, todos creyeron que se convertirían en el perfecto matrimonio nada más egresar de sus carreras. No fue así.

Pocos meses luego que la chica terminara sus estudios, la noticia de un bebé en camino derrumbó muchos de los planes que tenían para ellos y así, las complicaciones del embarazo, las responsabilidades que el chico aún tenía en la universidad y la frustración de ella por no poder ejercer su profesión terminaron por quebrar su relación. Permanecieron juntos un par de años a costa de discusiones hasta que ella los abandonó cuando Hae tenía apenas 5 años.

A partir de entonces el padre entregó su vida entera al cuidado de su hijo, atendiéndolo de día y dejándolo con la abuela durante la noche para desempeñarse como médico de emergencia en el hospital. De ese modo, el amor de su padre logró suplir en parte las falencias de la madre, e hizo a Hae un niño alegre, atento y esforzado.
Sus primeros años de escuela se desarrollaron íntegramente. Pese a las preocupaciones del padre la relación con sus compañeros fue siempre excelente, no tuvo jamás problema alguno para adaptarse o comunicarse con los demás, con excepción de las niñas, aunque a aquella edad dicho rasgo es común.
La diferencia se hizo notar durante la pubertad, pues si bien su personalidad amable, traviesa y comprensiva le permitía compartir con cualquier clase de persona, era evidente el desapego que mostraba hacia el género femenino. Jamás se presentó como un desagrado, sin embargo, al tiempo en que todos se encontraban con la cabeza en las nubes y las mariposas en el estómago, él parecía totalmente indiferente al síndrome; incluso, observaba con cierta desconfianza cada vez que alguna chica se le acercaba demasiado, procurando alejarlas haciéndose el distraído o atacándolas con alguna broma amistosa.

Así paso el tiempo. Hae terminó la escuela e ingresó a la universidad para convertirse en profesor de historia. Todo marchaba espléndidamente hasta que su familia se disolvió nuevamente. La misma tarde en que el joven rendía su examen final un violento incendio acabó con la vida de varias personas en un hospital, entre esas vidas la de su padre.
La noticia lo devastó. Aquel hombre que lo crio casi sin ayuda, la única persona que siempre estuvo ahí para él, quien le enseñó a sonreír ante la adversidad y a levantarse cada vez que la vida te da un golpe. Levantarse. No pudo levantarse a la primera.
El periodo más oscuro de su vida fueron esas primeras semanas sin su padre. Solo en el departamento, envuelto en el olor a tabaco que desprendía de los ceniceros y el eco de los recuerdos. Pasó aquellos días encerrado en casa hasta que recibió una llamada inesperada y casi indeseada. Su madre, que hace años había vuelto a comunicarse con su padre sin que él lo supiera, al enterarse del fallecimiento de su ex pareja sintió por primera vez su responsabilidad como madre y quiso apoyar de alguna forma a su hijo. Ella, que tras abandonarlos llegó a triunfar como chef internacional, le ofrecía una casa y un empleo en Londres.
Debido a su simpatía y consideración no pudo rechazar el ofrecimiento de inmediato, no obstante, expuso sus dudas y se despidió con un “voy a pensarlo”. Claramente no tenía razones para querer noticias de su madre, no obstante, el que le hiciera ese tipo de oferta ya era algo; y por otro lado, cualquier otra posibilidad era mejor que las que tenía en Corea en ese momento. No se recuperan casi 10 años de ausencia con una llamada y ofertas “caídas del cielo”, pero por muy mal que se haya portado, aquella mujer no dejaba de ser su madre y aunque perdonarla no fuera sencillo, tenerle cerca sería al menos un avance. Había tomado una decisión. Tan pronto como pudo, arregló todo y fue.

Lejos del barrio que lo vio crecer, en un nuevo continente, en un país extraño y con un idioma diferente, la vida también parecía distinta. No sabía si sería el aire, la gente, el clima o las nuevas situaciones lo que amortiguaba una parte de su dolor, pero lo estaba disfrutando. No se había sentido así desde el tiempo en que su padre aún vivía, desde las mañanas desayunando o las tardes fumando juntos. Algo extraño le estaba sucediendo. Aunque los recuerdos estuvieran siempre presentes, estaba tranquilo, como si aquel mes fuera en realidad años y el tiempo se hubiera encargado de sanar todas sus heridas, devolviéndole su vieja vitalidad. Permaneció algunas semanas intrigado por aquel cambio, hasta que finalmente tuvo una revelación.

Tres niveles de Comunicación:

-Hae… Necesito tu ayuda.

Todas las noches durante la última semana había tenido el mismo sueño. La imagen resultaba clara y vívida, no obstante, su cuerpo era la única figura capaz de reconocer. Por lo demás, la inmensidad que asumía a su alrededor era de un color azul más pálido que el cielo de medio día, absolutamente calmo y acogedor, donde una voz sin procedencia lo llamaba. A diferencia de aquellas ensoñaciones donde la densidad del escenario sofoca y aprisiona, este estado le producía sentimientos totalmente contrarios, y la voz, lejos de incomodarlo, generaba en él gran curiosidad.

-Hae Won… ¿Confías en mi?

Durante sus descansos, no sólo la intensidad de la visión le hacía sentir aquello como algo real, también sus pensamientos fluían con la misma naturalidad y lucidez de sus momento de vigilia. Así, el sexto día la misteriosa voz cambió el mensaje y el humano logró meditar la situación lo suficiente como para responder. -¿Quién es?

No recibió respuesta aquel día, ni los siguientes. Tres días durmió sin soñar y al siguiente nuevamente se encontró inmerso en medio de la celeste inmensidad, sin embargo, en esta ocasión una suave luz lo acompañaba. Al observarla, resultaba grata a la vista, ni demasiado brillante, ni demasiado opaca, colorada de amarillo, igual de pálido que el fondo. No se sobresaltó al notar aquella presencia, por el contrario, la atracción fue mayor que en los días anteriores.

En esa ocasión la luz se presentó como “enviado de Dios”, un ángel encomendado a una misión en la tierra. –He estado contigo desde tu llegada a Londres. He observado tus acciones, he percibido tus sentimientos y eres lo que buscaba. Necesito tu ayuda. –De ese modo explicó al muchacho su condición etérea y, por consiguiente, el pacto que buscaba realizar con él para hacer uso de su cuerpo y cumplir los objetivos con los que fue enviado. –Es un acto totalmente voluntario. No tienes que aceptar si no estás seguro, pero aguardaré dos días para que lo pienses bien. Vendré a recibir tu respuesta mientras aún estés despierto.

¡Qué locura! –Pensó la tarde del doceavo día, sentado en el sofá de su departamento, aguardando sin saber qué o quién.
Durante los días que el ángel le dio para reflexionar consideró todas las posibilidades; su familia, el trabajo, los amigos que aún no tenía, las vivencias que le quedaban por experimentar. ¿Qué sería de su consciencia durante el tiempo que ocuparan su cuerpo? Tenía muchas dudas que no lograba resolver. Se había paseado de un lado a otro en la habitación sin que lograra concluir nada. Finalmente, la pregunta que lo dejó un poco más seguro fue: ¿Qué pasa si esta es la oportunidad que estaba esperando? La vida sin su padre era complicada emocionalmente. No estaba pretendiendo huir de aquello, no obstante, el cambio de Seul a Londres resultó demasiado repentino, necesitaba tranquilidad, poner sus ideas en orden y afrontar el duelo adecuadamente. Quizá aceptar era lo mejor.
Continuaba sentado a las siete de la tarde, sintiéndose cada segundo más ingenuo al considerar a sus ensoñaciones como juegos de su mente inquieta ¿Qué aseguraba la veracidad de aquel contacto? ¿Y cómo sabría reconocer el momento en que el ángel se presentara? Claro que supo hacerlo.

A las siete con cuarenta en punto todo fue silencio, tanto alrededor como en su interior. Estaba allí, no había nada que lo demostrara, pero tenía la certeza. Tampoco hubo necesidad de decir nada, de alguna manera ambos se comunicaban aún en el silencio. Ya no había dudas, ni inquietudes. De pronto, simplemente sintió que el momento había llegado, y como un gesto que solo el contrario pudiera ver en su interior, dio su consentimiento para la posesión de su cuerpo.
La tranquilidad de entonces le fue totalmente desconocida, ni en sus tiempos de niñez se había sentido tan a gusto como entonces. Una corriente tibia emanó de su pecho y comenzó a recorrer todo su cuerpo, la respiración se volvió cada vez más calma y un ligero cosquilleo adormeció todos sus músculos. Habría deseado permanecer de esa forma el mayor tiempo posible, sin embargo, su mente comenzaba a perderse en sí misma, sus miembros ya no respondían, su cuerpo le era totalmente ajeno, sus parpados comenzaban a caer con voluntad propia por última vez.


Respiraba. Qué extraña sensación le producía el aire al entrar al cuerpo ¿Un cuerpo sensible? ¿Cómo hacía para despertar?
Respirar, de momentos era lo único que podía hacer. Oxigeno entrando y saliendo era lo que oía hasta que notó algo más. Bum-bum, un corazón. Sangre, calor que corría por brazos, manos, piernas y pies. Dedos. Con algo de esfuerzo logró mover las extremidades ¿y los ojos qué? Había algo sobre ellos que estaba respondiendo. Eran las cejas y junto a ellas los labios se fruncieron igualmente. Solo un poco más. El último esfuerzo y los ojos se descubrieron lentamente. La luz, aunque escasa, en un principio fue molesta para los irises azul claro que despertaban al mundo por primera vez; con algo de tiempo pudo adaptar sus pupilas, tornar el color natural del óculo humano, y lograr ver todo con perfecta claridad. El mundo, aquello que Dios había creado se veía totalmente diferente a través de aquellos ojos. Era hermoso.
Durante horas permaneció frente a la ventana, observando la noche, percibiendo sus aromas, sus ruidos, todo lo que sus sentidos pudieran captar. Estaba tan emocionado que de no ser por el cosquilleo de las lágrimas recorriendo su rostro se habría perdido completamente en sí mismo. Jamás había sentido felicidad similar y estaba agradecido. Su existencia alcanzaba un nivel totalmente distinto ahora gracias al creador, gracias a Hae Won.

Para comprender mejor escribió:2 – Representa al Hombre y su dualidad.
3 –El número de la totalidad. Tres son las dimensiones del tiempo (pasado, presente y futuro), como tres los componentes de la trinidad.
6 –El día en que Dios creó al hombre.
7 –Representa la perfección.
10 –El  número que simboliza el recuerdo.
12 –El número que simboliza la elección.
40 –Representa el cambio.

La estadía de ambos en Londres no sería prolongada, aunque no así la del ángel. Los primeros meses tanto para uno como para el otro fueron de adaptación a la ciudad y a su gente, sin embargo, no hubo realmente tiempo suficiente para hacer un hogar y crear relaciones. Tenían otros planes para ellos.
Sería difícil determinar si fueron las circunstancias, una casualidad o la intervención de una fuerza mayor la que dispuso que la madre de Hae Won tuviera la oportunidad de inaugurar un nuevo restaurante en Italia, donde ella, su novio, parte de su equipo, y casi por consiguiente su hijo, deberían mudarse. Allí le esperaba un nuevo trabajo, una nueva casa y todas las demás cosas que traen consigo el viaje. Pero qué más daba, no tenía demasiados motivos para negarse y de momento su receptor no se vería directamente involucrado. Ya sólo quedaba seguir avanzando.


Curiosidades

Lo que le gusta/odia:

*Caminar bajo la lluvia.
*El olor a tabaco.
*Comer fuera de casa.

*Cocinar.
*El Té.
*Cortarse el cabello.

Miedos/Fobias: Coulrofobia, miedo a los payasos.
Otros:

*Manías: Fumar. Frotar sus manos cuando está emocionado o nervioso.
*Objetos personales: Textos de historia universitarios y escolares, un paraguas azul, una cigarrera de cuero, un teléfono celular, tazas de porcelana y utensilios de cocina.

*A pesar de su desapego hacia el género femenino, no reconoce abiertamente su homosexualidad, ya que jamás se ha enamorado.

*Comenzó a fumar a los 17 años como un modo de parecerse y sentirse más cercano a su padre. Actualmente es casi un ritual en su honor. El humo y el aroma del tabaco la hacen sentir a gusto.
*El ángel lógicamente no mantiene el hábito, sin embargo, lleva la cigarrera consigo a donde sea vaya, tal como si se tratara del auténtico Hae Won.

*Luego de enterarse que su madre era chef su disgusto por la cocina incrementó. Por tanto, jamás ha usado la vajilla o los utensilios que ella le regaló al llegar a Londres.
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Re: Jung Hae Won [Ángel]

Mensaje por Jaime el Lun Mayo 25, 2015 2:22 am


Bienvenido, señorito Won

Me parece que olvidó añadir a su historia el número 4: La hora del té.
Estoy de broma, espero disfrute su estadía en Eternal Exile.
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Jaime
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