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Gackt [Marius] - Líder Vampiro

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Gackt [Marius] - Líder Vampiro

Mensaje por Gackt [Marius] el Miér Mayo 20, 2015 2:48 am

Camui Gackt



Información general

Apodos: Marius.

Edad: 26 años // 8 siglos

Orientación Sexual: Sexual.

Nacionalidad: Japonés / Renacido en Budapest

Raza: Vampiro
Descripción del personaje

Personalidad: De recio carácter y apariencia imponente. Marius (como se le nombra entre miembros de su linaje y otros pocos de su elección) es sin duda un maldito presumido, fuerte, arrogante, orgulloso, muy inteligente y, sobretodo, astuto. Su paciencia es enorme mas no eterna; pensar antes de hablar es uno de esos tantos virtuosos pasatiempos que se volvieron parte de su vida. Por lo general se demuestra frío, indiferente en ocasiones aunque totalmente seguro para la toma de cualquier decisión; con muchos podrá ser el más desgraciado ser existente sobre la tierra, para otros el perfecto aliado de combate; su humor usualmente es escaso o muy sarcástico con aquellos que que no son de su interés, hay que buscar muy en su interior, después de todo es el principal ejemplo para los suyos.

Cortejos, guiños, esas implacables sonrisas y otros métodos, son las encantadoras armas que le hacen malditamente atractivo frente a cualquiera que desee hacer presa suya. Es tan hipócrita como se le venga en gana y con quien se le venga el placer.
. Una vez captado verdadera atracción en alguien se volverá sumamente protector e incluso posesivo. No lo ocultará. Empero, sólo con unos cuantos se permitirá descubrirse y revelar algunos de sus muy bien escondidos sentimientos. Si algo o alguien deja de parecer "atractivo" para él, simplemente lo desplazará. Dice no temerle a nada, pues cree que la debilidad es simplemente una escusa para limitar su poder; es precavido cuando sabe debe serlo. No tolera los errores, en especial en sí mismo, todo lo que diga y haga debe estar perfectamente analizado. Una única mirada bastará para intimidar o seducir a cualquier ser inferior gracias a su maldición.

El trato con sus vástagos, pocas veces denotará una clase de rostro analítico o incluso inexpresivo; ser pasivo con ellos significaría ser libertino a largo plazo, no obstante, posee sus muy peculiares maneras de demostrar afecto por ellos. No es extraño ser vástago suyo y, una noche, recibir caricias de sus propios labios, sin embargo, habrá que sentirse privilegiados puesto que tan repentino carácter no se presenta con cualquiera de los suyos. Como Líder es  de los más exigentes, una falta de respeto indicada a su persona le es intolerable, y un desapego a sus órdenes o reglas significa meritar un nada piadoso castigo para cualquier osado.

Sus movimientos serán elegantes y cuidadosos, incluso la rudeza presentada en cualquier discusión o batalla. No hay nada más denigrante para él que perder la cordura (salvo al momento de intimidar).
Uno de sus pecados es la vanidad; tiene y mantiene un ego enorme pero no cegado, sabe quién es y qué clase de virtudes posee, pauta suficiente para hacerle sentirse alguien más que perfecto.
Antes que él mismo están sus vástagos y seres importantes, así es, a pesar de todo es alguien bondadoso. Todo lo que crea y emplea es siempre por y para los suyos.

Apariencia: Su altura alcanza los 180cm y su peso varía entre los 60kg. En su cuerpo no hallarás imperfección alguna; su seductora complexión se encuentra compensada por el ejercitado aspecto. Su tez es pálida pero igualmente tersa, ni brillante ni seca, tan perfecta como una escultura hecha en mármol esculpida y pulida por el mismísimo Miguel Ángel; sus labios son suaves y ligeramente dotados de color; el frío de su cuerpo se encontrará presente siempre que no haya consumido alimento. Es incapaz de sonrojarse o de poseer un tacto delicado debido a su situación vital y gélido carácter, así como el peso que le recae debido al paso de los siglos; el genio que adquiera conllevará al matiz de sus orbes, denotándose a derivados de azul y gris, o bien, a tonos fríos si su humor es apacible, y en un brillante escarlata si se encuentra sediento o colerizado.
Su cabello natural es lacio y totalmente oscuro, de longitud que roza su cintura, el color en éste, así como el peinado varían de acuerdo a sus necesidades y/o gustos, viéndose en la desgracia de estilizarlo casi semanalmente debido al veloz crecimiento de su verdadera cabellera.
Sus dotes físicos tal vez no son tan notables en su retaguardia, pero esta carencia es bien compensada con el resto de sus atributos, en especial el delantero, justo en la entrepierna.
Historia
Primera parte:



-La comida se sirve caliente, no lo olvides, si es que aún te quedan fuerzas para recordar.- Dejó caer el cuerpo al suelo, mas bien sobre la hierba, desfallecido, aún no muerto, pues le miraba y Marius podía claramente escucharle respirar. Era cuestión de minutos para que la vida del mortal esfumara.  

-Por favor… Mi hermano…- Al sacudirse pequeñas huellas de polvo de la gabardina, el moribundo había pronunciado con dificultad aquellas palabras, entrecortándolas, tomando con esfuerzo más del oxígeno que se le agotaba. El condenado detuvo lo que hacía, le había ofrecido una maravillosa vista de su espalda, pero ahora volteaba con lentitud, ligeramente, sin necesidad de mover más de un par de centímetros los pies. Sus pupilas, acompañadas de un iris purpúreo debido al matiz post-alimentación, se clavaban de soslayo sobre la figura agonizante, retomando su color natural, ese grisáceo celeste… -¿Qué? ¿Deseas que te acompañe en tu último paseo?- Palabras sarcásticas que no perdieron serenidad en volumen; una de sus comisuras curvó en mofa. Había un cigarrillo entre las propias falanges, llevaba bastante sin tomar uno, pues realmente no tenía la necesidad, no había sabor en él que pudiese degustar. Una  manía, eso era todo.  –N-no… por favor no, se lo ruego.- Pero fingía no escucharle, mas bien, le ignoraba por completo. Tres segundos, expulsó el humo en dirección al firmamento que se cubría de gris. ¿Más nevadas? Lo que faltaba para la infortunada víctima, pareciese que esa noche definitivamente no era suya.  

El jardín japonés era tan sólo una pizca de lo poco que le hacía recordarse en aquél viejo hogar, en Japón, claro, antes de existir Okinawa.
A altas horas nocturnas, como ahora, era poco común encontrarse con más de tres entes cruzando el lugar, mortales, serían alrededor de las 4:00am cuando el desconocido decidió cruzar por tan silencioso parque con una bolsa de plástico llena de medicamentos, analgésicos si la vista no le fallaba, lo cual era nunca. Sus pisadas, prensando la fresca hierba, rompían con esa reserva de silencio, tal parecía no saber lo que le guardaba la suerte.  Tampoco era muy común que el vampiro optase por cualquiera para beber, pero él realmente era molesto ¿Por qué no variar de vez en cuando? Los pecadores eran divertidos, pero los inocentes eran tan patéticos… que gustaba de verles agonizar, de llorar y preguntarse ‘porqué’ porqué ellos.  

-Él… me necesita.- Frases como esa eran tan malditamente graciosas. –No me digas…- El vampiro rodaba los ojos, tomaba un poco más del tabaco antes de proseguir. –Y morirá si no estás a su lado ¿no es así? Es una lástima.- El mortal derramaba lágrimas en silencio, sin dejar de lamentarse por todo lo que pudo haber hecho mal, sin saber exactamente qué, deseando estar al lado de aquél único ser que tenía por familia. El cigarrillo le habría caído encima, regando las cenizas brevemente encendidas sobre su cabello; estaba demorando en guardar silencio eterno. Aparentemente esa noche tampoco disfrutaría del silencio nocturno.
Por fortuna un banco se encontraba a menos de un metro de distancia, frente al lago artificial. –Si lloras, se marchitarán…- Dijo al aire, escuchando el incesante llanto sobre el pasto. Aguardó quieto, esa frase ya la había mencionado antes pero no últimamente.  Fueron siglos atrás ¿verdad?

Cuando su cuerpo aún... estaba lleno de vida.

Bajó la mirada. La palma de ambas manos, pálidas, gélidas, le obstruían ver lo que había debajo: su reflejo.  ¿Cómo había sido entonces? Cierto… Había matado a muchas personas a su lado, procurando no perderle de vista, tratando de no alejarse más de lo necesario de él, pues debía cuidar no le tocaran una sola hebra del cabello. Él era, por sobre todo, su contraparte, esa otra mitad que no toleraría perder jamás.  Apartó las manos, ambos codos se habían recargado sobre las rodillas, al mirarse lo encontró… se encontró una vez más con sus recuerdos.

º º º
Choque, esquive, corte…

-¿Estás bien?-  Cuestionó concentrado, casi exclamando. Los mongoles habían atacado sus preciadas tierras, y como comandante del ejército debía proteger a su nación, llevarlos a la gloria, acabar con aquellos que intentaban derrocar a los embajadores (sus padres) y gobernar sus aposentos. –Bien, podemos hacerlo.- Contestó su igual, intercambiando ambos de posición en una traslación rotatoria con la que acabarían a tres hombres más.  Sería la segunda, pero no última invasión a todo lo que llamaron Antiguo Japón.  El carmesí manchaba sus atuendos y parte del rostro junto con innumerables gotas de sudor, por fortuna el filo de las katanas no tocaban su piel, a ninguno, aunque algunas flechas habían intentado arañar sus hakamas. Sin embargo, no había mucho por lo cual preocuparse, confiaban siempre uno en el otro.
Gakuto… Desde joven meticuloso con la pureza de las prendas que fuese a portar, mancha que caía, mancha que le enfurecía, aunque claro, sin descuidar en sus movimientos, todos calculados y estratégicamente manejados. ¿Habrá sido eso lo que le atrajo hasta allí? No sabría desde cuándo le estuvo observando. Siempre en silencio. Siempre en la oscuridad…


-¡Corre, Gakuto, o nos van a alcanzar!-
Esa mañana, la recuerdo perfectamente… No hacía mucho que cumplimos los ocho, así que éramos tan sólo un par de ingenuos infantes con nada de preocupaciones acerca de la vida mas que de nuestras posesiones o de que el día no acabase antes que nosotros de divertirnos. La Primavera comenzaría a hacerse florecer por donde quiera que mirásemos, en especial en ese árbol. La noche anterior apenas pude conciliar el sueño, ya que mi hermano más joven se encontraba ansioso porque el alba llegase; no puedo negar que era agradable verle con tanta emoción acumulada, yo era más reservado en ese aspecto. Jamás fui de tantas palabras, a menos que el momento lo meritase, como más tarde de la noche misma, en que tuve que inventarme algunas historias para que él acabase cayendo sobre las sábanas; algunas sobre dragones  y tigres, todas sin mucho sentido, relacionados especialmente con el árbol que tiempo atrás había sido plantado para nosotros, pues según los que nos dieron la vida: Fuimos un milagro. Pero ¿Cuánto más podría saber yo de esas historias? Daba igual, él había caído, y cuando finalmente yo pude dormir… Él ya me estaba despertando. No sé de dónde consiguió tanta energía, pero le seguí y corrí tras él mientras sujetaba mi mano para asegurarse que no me quedase tan atrás, podía quedarme dormido incluso de pie. Hasta que tropecé con algo, y caí sobre el pasto.  
Como todo niño de edad temprana, me revisé el cuerpo (ambos portábamos trajes típicos de nuestra región) asegurándome no haberme lastimado. Él casi se echaba al suelo de la risa mientras yo bostezaba, sacudiéndome pequeños restos de hierba sobre mi atuendo, tallé mis ojos, estaba despertando nuevamente y comenzaba a notar que un poco de tierra me había manchado.  Sin embargo, al darme cuenta, su mano alejaba un pequeño pétalo de mi frente, entonces fue cuando repitió la frase: “Si lloras, se marchitarán.” Sonreí, no por el hecho de que pareciera que iba a soltar lágrimas, pues recién despertaba, sino por recordar lo que el dragón le dijo al chico antes de despedirse y retornar a los cielos, en la última historia.  
Fue como el botón que activaba todo al ser presionado, y él lo había hecho. En instantes había llenado mi cuerpo de energía. –Si nos quedamos aquí, no seremos los primeros, Satoru.-
Musité. Mi mano tomaba ahora la suya y el recorrido comenzó de nuevo.

Jamás pude enojarme con él, dejarlo solo siquiera, pues lo era todo para mí, así como yo lo era para él. Ambas espaldas fueron resguardadas y cuidadas por nosotros mismos, hasta ese día. El día que lo perdí.

-¡Satoru!- Exclamó entonces al ver que su compañero se alejaba, el menor, entrometiéndose en el resto del ejército en pleno éxtasis de la guerra. –Satoru ¡¿A dónde demonios vas?!- Jadeó a plena lucha y apretó la dentadura junto a sus labios, estaba a punto de dar uno de los golpes finales.  –¡Al este solicitan ayuda, los están acabando, no voy a demorar!-  Insatisfecho con tal respuesta, clavó una cuchilla justo al corazón de un fornido intruso, de los más complicados de llevar hasta la muerte.

La muerte. ¿Habría sido ese el motivo de su castigo? No se explicaba aún porqué, sólo pasó. Como todo… Era su condena después de todo.

Como pudo se infiltró entre la multitud en su búsqueda, empujando, golpeando atravesando a quien fuese, hasta encontrarlo. Y allí estaba su igual, acabando con más de ellos, de los malditos invasores. Tal vez no tenía porqué preocuparse después de todo, ambos nacieron con la capacidad de asesinar, de poseer unos reflejos sobresalientes al pelear, o al menos eso pensaba hasta… -¡Cuidado, Gackuto!-  Gritó el menor; antes de acabar el mayor con uno, otro iba a hacerlo con él hasta que la espada de su hermano le formó grietas al cuello enemigo con el filo de su espada. Algo extraño sucedió…  Pues antes de poder reaccionar por aquél que iba a atravesarle con el arma a su menor, otro ente le sujetó, apartándole, alejándole de su mitad, impidiéndole sacrificar el propio cuerpo en vez del suyo.

“Satoru…”

Una afilada espada le había atravesado el cuerpo, haciéndole caer de rodillas sobre el ensangrentado suelo. Lo estaba viendo sin poder creerlo, sin poder hacer algo al respecto. De pronto algo había golpeado por detrás de la cabeza al futuro hijo de la noche, haciéndole perder el conocimiento.


º º º

-Al despertar no volví a ser la misma persona, ni me encontraba en el mismo lugar.-
Abrió los ojos, había meditado suficiente y estaba seguro que algún fragmento de la historia la habría mencionado en voz, susurrante, importándole menos si el casi muerto estuviese o no escuchándole. Posiblemente no, tenía mejores cosas en qué pensar, si es que… No había dormido ya por siempre.

Se puso en pie, no estaría a más de media hora de amanecer. Mas antes de partir, con el extremo de su bota diestra ladeó el rostro ajeno, comprobando su estado actual: Muerto. Por fin muerto.

-Disfruta del alba, hermano.- Sentenció, ladeando una última sonrisa hacia aquél que miraba a la nada, creando énfasis al final de la despedida, exhalando liviana risa muda. Allí se quedaría esa parte de sus recuerdos...
Más historias

°°°

Segunda Parte:

Pronto estarán bien.

En flashback se escribió:
- ¡Corran! - Sé que no podré aguantar por mucho tiempo si no bebo un poco.
Y ellos se estaban rehusando a dejarme, eran mi guardia, sí lo comprendía pero.. lamentablemente no había ya mucho por hacer. Si esta sería la guerra final y yo desaparecía de esta tierra, ellos debían continuar sin mí para mantener el linaje. Pero se han aferrado a pelear.
Me han tomado por el cuello. Uno de ellos carga la espada de un ángel: Markku. Los malditos sabían que yo me encontraba indispuesto, de alguna manera, sólo así podían haber cruzado el muro que les repele. Desconozco al dueño de esa hoja pero no había necesidad de clavármela para sentir cómo me debilitaba más de lo que ya estaba.
Por fortuna mis sentidos despertaron tanto hasta hacerme hervir la sangre. Pude concentrar tanta reserva de energía como pude para no entrar en la locura, aunque habiéndome acorralado entre tres, en mi propia casa y sin la suficiente fuerza... Desaparecí en neblina sólo un instante, lo suficiente para soltarme de sus intenciones. No tenía más opción que irme de allí por lo menos para recuperar un poco de lo que había perdido. El pasillo se incendiaba, el techo parecía caer en cualquier momento.
Mi espada se encontraba hasta el fondo de mi habitación y no podía invocarla. Los animales me rodeaban y ya no eran sólo tres... Mi último recuerdo claro fue llegar hasta ella, forjada con plata pura, y tomarla con mi diestra... Después se apoderó de mí. Mi corazón había expulsado un latido: Era el Frenesí.

Puedo descifrar cortas visiones: Llamas envolviéndolo todo, consumiendo el tapiz, los suelos, las paredes cayéndose a pedazos. Habían emboscado a mis vástagos sin saber yo desde qué momento; alguien me había traicionado habiendo revelado que me encontraba en letargo... y el juego de las marionetas ya no pudo funcionar por tiempo suficiente. Adamantino había destruido aquella espada celestial que pretendía ser clavada en mi pecho. Louis intervendría en ese instante.
-Yo soy tu oponente, no te desvíes, fluffy- Pero he recibido una mordida en el costado por parte de Rain en lo que yo evadía otro ataque, siéndome arrancada una impactante cantidad de carne... Caleb había aparecido con Akasha sobre sus brazos, sonriendo antes de volver a mutar. La miré, dormida, extinta...
"Si mi fortaleza decae, el campo que nos protege también lo hará. Por ello debo ser lo que soy... De lo contrario no estarían seguros. Nadie debe enterarse de mis debilidades."

-Deberías cuidar más a quien confieres tus secretos, ¿sabes Marius?.-
Esa sonrisa... igual a la de su padre terminó de explotar mi cólera, podía encontrarme con la repugnante cara de Takeshi cuando le miraba. Me había envuelto a mí mismo con mis propias llamas para acabar con todo de una buena vez, un fuego tan ardiente que haría hervir a todo aquél con quien ejerciera contacto, incluso yo sería consumido poco a poco debido a mis heridas, a mi debilidad, a mi carencia de defensa. Si ya era hora de irme al infierno, ellos se irían conmigo.
Rain murió en mis manos... pero justo cuando mis demás guardianes lograron ingresar a la habitación, a pesar de arrancarle el corazón al último bastardo con las garras de Nicolás, yo ya no podía dar marcha atrás.
Mi fuego se extinguía. Y con ello también se iba mi escaso aliento.

Entonces mis recuerdos volvieron a desaparecer... Nubló mi vista, mi mente... Pero al menos ya había terminado.

Es la primera vez.. que siento este dolor tan intenso. Es tan real. Una tortura. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde que...? Me es imposible moverme; es como si careciera de cualquier extensión de mi cuerpo. Ni siquiera puedo mirar. Mis ojos, mis sentidos...

Lo he perdido todo.



(silencio)



En flashback se escribió:
Desperté sin querer realmente hacerlo; los sueños de mi pasado me estaban perturbando demasiado, y fuera de la caja las señales de Galadriel también hacían estruendo en mi cabeza. Aparentemente Mael estaba con ella, mal herido.
No esperé ni un segundo más. No bebí, no llevaba más que una prenda liviana cubriéndome el cuerpo. La llave que yace en mi muñeca pronto me guió hasta un portal que atravesaba aquél recóndito templo ¿Qué demonios había pasado?

- Le he cortado, yo.. no sabía que él era...- Rompió en llanto; Mael se encontraba moribundo en la cama de la dama Nephilim, desangrándose sin lograr resanar debido al hechizo que contenía el arma con que había sido dañado. - Dime que puedes ayudarlo.- Al lado suyo se había arrodillado sin importar que el rojo invadiera las telas de su vestido. ambos sabíamos que sus hechizos eran mucho más que un simple veneno para ratas, esa mortífera herida le estaba consumiendo la vida poco a poco. Tomó su mano y decidió lamentarse sobre ella. Deliraba, me decía -¿has venido de nuevo a salvarme, como en los viejos tiempos?-, al idiota no le importaba si la sangre se le agotaba porque aparentemente tenía lo que quería: a nosotros dos. Me corté la palma para con la sangre que manaba ir sanando poco a poco la herida del más débil.  
Pregunté por la repugnante mascota de la casa, el hijo menor del traidor, ya que era extraño no haber sentido aroma suyo por los alrededores, pero aparentemente llevaba días fuera de casa "haciendo cosas de animal salvaje seguramente", pensé.

Galadriel había logrado paralizar el veneno que se hubo impregnado en Mael pero, debido a la pérdida de sangre, la herida demoraría en sanar por completo; desgraciadamente yo iba por el mismo sendero debido a la falta de alimentación y nuestra crianza nos prohibía consumir la vida de cualquier Nephilim.
Mi única solución en ese instante fue compartir la herida, detendría las hemorragias y podría sanar mucho más rápido. Pero cómo diablos...? Mael no era un ghoul, y en lazos de sangre tan sólo era mi hermano, mi poder con él no era el mismo que con mis vástagos. Pero Mika siempre tenía sus secretos bajo la manga, y tras unas palabras la herida se había abierto también en mi cuerpo. No había gran dolor pero sí algo de sangre ansiosa por escapar de prisión. En un par de días estaría perfecto de nuevo. Pero a las pocas horas sentí una punzada justo al centro de mi pecho; un ligero ardor desconcertante: Mi espía había sido atacado.

¿Qué había estado ocurriendo? No había tenido tiempo de averiguar ni de avisar que había despertado de un letargo que apenas llegaba al año, tal vez un poco más.  Ahí fuera, las paredes me estaban alertando a golpeteos que algo andaba mal.

Y allí comenzaron las ruinas...

(silencio)

No sé la hora, ni siquiera el día. Mi mente se apaga y vuelve a despertar por tiempo indefinido. No puedo conectar mi mente al cuerpo; mi sentido auditivo ahora también se niega a responder. ¿Es este mi destino? Tratar ejercer movimiento alguno es completamente inútil.

..Si tan sólo pudiera...


°°°

Pero había vuelto a dormir.
Le recuerdas ¿cierto? Aquél alguna vez denominado como uno de los indestructibles Líderes ahora yacía inmóvil entre hierba y escombros de lo que había sido esa inmensa mansión que cuidaba de los suyos; abatido, derrocado ¿Que si estaba completo? Básicamente, aunque su rostro, así como toda la capa de epidermis que recubría su cuerpo había sido consumida, carbonizada por diversos factores: veneno, fuego... quemaduras que llegaron al límite del tan sonado "tercer grado" le habían arruinado, estaba desfigurado. Era un desastre; estaba completamente cegado, vamos, era parcialmente un costal de huesos.. sin el costal. Lo único que le permitía sobrevivir era un trozo de techado que amenazaba con desplomarse sobre lo poco que quedaba de su figura y una pizca de energía que era diseccionada por instinto de supervivencia, algo que él no controlaba.

El lugar estaba intacto desde la última batalla: Eran ruinas. Varios puntos de Budapest lo estaban debido a la guerra desatada. Él no sabía que Lucifer había huido para su beneficio, ya que el poder de los ángeles había logrado perjudicarle en magnitud grande, o que Galadriel hubo desaparecido con Mael nuevamente para evitarle intervenir y poder preservar en alguna parte su legado, ni que los mismos Lobos se habían aprovechado de su bondad e ingenuidad hacia ellos, pues para ella, hacer una parte de su infancia con la manada y desposarse con el Alfa ya significaba lealtad entera, unirse a la susodicha y hacer de ella una familia...

Pero hay momentos en que la familia también te puede traicionar, sea por despecho, desconfianza, beneficio, miedo o placer.

Habrían pasado pocos años y la gran ciudad seguía parcialmente igual.
Las personas se inventaban que cada punto de los hechos se encontraba maldito, lo que obligó a muchos habitantes dejar la capital y a otros llegar para "curiosear" o investigar. Otros pocos osados tomaban toda cosa "rescatable" de entre los restos de la residencia: diamantes, oro, alguna costosa reliquia no tan dañada ¡cualquier cosa que diera en sus manos! O no...
Si continuaban caminando, podían encontrarse con la única habitación que no había sufrido las mismas intensas agresiones que el resto, como los Vampiros le llamaban: El cuarto de El Piano.
Este lugar aguardaba ansiosamente el momento perfecto de caerse a pedazos ya que dos de sus paredes habían decidido colapsar previamente, durante el combate. Debido a ello la mitad de ese techo ya estaba abajo; la otra parte parecía delicadamente sostenida por un elegante piano con el cual apenas rozaba la cola. Y tras la extensión restante se encontraba el extenuado hijo de Caín. Las personas se desconcertaban al encontrarse con semejante instrumento ya que estaba totalmente intacto, pero era mayor su temor cuando, al aproximarse, la carga de energía que irradiaba les hacía el cuerpo pesado. Podría decirse que gracias a ese objeto Marius aún no había disipado del mundo terrenal. Y su cuerpo, a pesar del tiempo, no descomponía, no segregaba líquidos o despedía hedores. Era simplemente una pieza que, después de calcinada, se había congelado.

Y los días continuaron transcurriendo, hasta que finalmente una figura logró aproximarse lo suficiente... Sin tener idea alguna de que...
º º º

¿Qué es esto? Mi cuerpo pareciese haberse vuelto a activar. Siento mis neuronas luchar por volver a tener el control.
Necesito más...

º º º

Alguien le había despertado, le había, era escaso pero le había alimentado. ¿Algún vástago? No tenía ni idea, pues su sentido del gusto aún no se recuperaba.
En ese momento, como acto reflejo, su cuerpo concentró la poca vida que le quedaba para echarse a la suerte. En un instante sus colmillos se habían clavado en la primer parte del físico ajeno a su alcance: El hombro derecho.
Había logrado flexionar su cuerpo, y no se detendría por nada del mundo hasta...
¿Pero qué...?

La cuenca de sus ojos emitieron un débil destello rojo. Tal vez aún no veía, pero aquello fue como una advertencia.
En su mente, una imagen claramente conocida pero totalmente inesperada se había filtrado. Entonces disminuyó en cuanto pudo el agarre de su mandíbula antes de acabar con la vida de aquél que le estaba sirviendo de sustento.

La cantidad que había consumido, aunque escasa, bastó para devolverle las partes más esenciales de su cuerpo en pocos minutos: Control y parte de sus sentidos, lo suficiente para vislumbrar siluetas o escuchar y pronunciar con dificultad...
- ..Necesito más... -

Y es que estaba tan confundido. La señal, el sabor tan peculiar... aunque, si hubiese sido él, Marius simplemente no habría vivido más.  ¿Era una broma jugada por su mente?  Pero se rehusaba a pensar en ello ahora. Nuevamente se le había brindado una oportunidad de sobrevivir, y debía aprovecharla.

Curiosidades

Lo que le gusta/odia:
- La sangre y el sexo, aunque no de cualquiera, ni con cualquiera.
- Tocar el piano por las noches.
- Las noches de luna llena, al igual que los días de tormenta, debido a espontáneos momentos de nostalgia.
- Las alas de los ángeles y las criaturas míticas.
- La obediencia y las sorpresas, aunque hallar con qué sorprenderle no es tarea sencilla.

- No tolera las faltas de respeto ni el trato amistoso con Lycans.
- No es muy afecto al ruido excesivo.
- Detesta lo cursi, tanto en otros como en él.
- A menos que sea inevitable, no tolerará alguna clase de mancha en su ropaje.
- No soporta hablar de su vida humana, con nadie.
- Perder.
- Le exasperan los objetos electrónicos.

Miedos/Fobias:
No es tanto una fobia, pero las cucarachas no son su estilo.

Otros:
Manías: Vanidad y coleccionar autos clásicos
Objetos personales:Piano y Piano miniatura
Etc: Tiene un hermano gemelo que hasta la fecha le cree muerto.
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Gackt [Marius]

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Re: Gackt [Marius] - Líder Vampiro

Mensaje por Jaime el Jue Mayo 21, 2015 8:12 pm


Bienvenido, amo Marius

¡Por mis ancestros! Mírese nada más.
Por suerte siempre traigo en la chaqueta un poco de ungüento para quemaduras. Aunque tal vez necesitemos más de una...
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Jaime
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