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Suzy |Vampiro|

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Suzy |Vampiro|

Mensaje por Suzy Bae el Lun Mayo 18, 2015 10:52 am

Pandora



Información general

Apodos: Suzy (Como se hace llamar ante los humanos), Susana (muchos de sus hermanos, entre ellos; su padre Marius, solían llamarla de aquella forma)

Edad: Aparenta tener 17 años humanos (realmente tiene 514)

Orientación Sexual: Indefinido.

Nacionalidad: Romana.

Raza: Vampiro.
Descripción del personaje

Personalidad: La mayor parte tiempo es sagaz en lo que realiza, analítica y muy observadora, tiene mucha paciencia, aunque su apariencia demuestra todo lo contrario, sonríe a menudo ya que le parece ser una forma muy cordial de tratar a los demás, nunca se muestra malhumorada a menos de que el grado de la acción realizada haya acabado con el límite de su paciencia, incluso cuando algo o alguien le molesta a no ser de que pidan su opinión al respecto lo guarda para sí misma, aun así su mirada muestra su disconformidad ante la situación o la persona.
No es una chica materialista, a pesar de haber sido criada bajo los más caros lujos de su familia; sin embargo gusta de vestir finos atuendos debido al trabajo que tiene como modelo de agencia.
De carácter muy dulce; pero siempre con personas en específico, muy en fondo son muy pocas personas las que conocen su verdadero lado sensible y amoroso, tiene mucho cariño hacia cualquier vástago hijo de la sangre de Marius, pues los considera a todos como sus hermanos.
Gusta de llevarle la contraria a sus 'padres' (antiguos del clan) claro que siempre termina obedeciendo como la buena hija que es. Enfadada es muy especial, nadie la conoce en esa faceta por lo que puede parecer imposible de creer el cambio de actitud que tomará.
Miedo no es una palabra que pueda llegar a conocer y si llegase en algún momento a sentirla un poco, no lo revelara de ninguna manera, siempre mostrara gran valentía ante la situación. Siente gran pasión por las artes y no se rinda ante nada, es demasiado persistente aunque su insistencia le cueste la vida.
En una batalla no mostrará ningún tipo de compasión o piedad por nadie, no perdona a quienes le hacen sufrir o dañan a sus seres queridos. Puede ser muy dulce pero no siempre conservará ese lado. Pone antes que todo, su deber y lo realizará con esa rigidez.
es capaz de superar las cosas muy rápido, pues a pesar de poseer el aspecto y el carácter de una niña, es bastante madura, aunque bien en más de una ocasión puede parecer inmadura, pues cambia su carácter dependiendo de con quien este. Curiosa por demás, no es ella si no mantiene la mirada atenta y fija a cualquier detalle que haya cautivado sus sentidos. Atrae problemas con facilidad, por lo que suele tomarse las cosas con calma para evitar regaños. Impulsiva, siempre que puede intenta llevar el control de lo que sucede, responsable y de actitud muy generosa.
No existe un 'imposible' en su vocabulario, en cualquier situación, buscara un sin fin de soluciones para algo, pues si algo sale mal, puede usar diferentes planes para llevar a cabo su misión..

Apariencia: De tés blanca algo pálida, su cabello es semi ondulado de color negro lo cual resalta mas los detalles de su pálido rostro, muchas veces suele llevarlos de otro color, teñirse a un color diferente es uno de sus pasatiempos, de nariz perfilada, mejillas un poco gruesas pero no exagerando, su rostro aún así se ve muy fino y perfecto, sus ojos no son tan rasgados pero sin perder el contorno de su naturaleza asiática, son de color café claro (cuando se alimenta o se encuentra enfadada, el iris se tornan de una tonalidad escarlata intensa), de carnosos labios color cereza, los cuales le brindan una apariencia realmente preciosa. Su contextura es delgada pero al mismo tiempo disfruta de una curvilínea figura, para aun no haber terminado de crecer, su altura es alta comparado a las demás, delgados y largos brazos, piernas formadas y esbeltas, muchas veces su apariencia no va acorde a su edad.
Historia
La decisión de marcharse había sido tomada, estaba decidida, sentía que era lo correcto, ella sabía que era lo correcto. ¿O no? Irse con la persona que realmente amaba; aún cuando debía dejar atrás a su familia, despedirse de su mejor amigo y decirle que estaba a punto de morir ¿Había sido lo correcto? Divagando se encontraba, nadando entre un centenar de pensamientos dudosos y confusos. ¿Se estaba aferrando a su inmortalidad? ¿Por qué? Después de todo… Había comenzado a vivir cuanto los sentimientos por aquel híbrido le habían consumido por completo. De pie se encontraba la preciosa vampiresa, con sus risos ondeando gracias al juguetón viento que acariciaba su piel de forma grácil. Se encontraba mucho más pálida de lo normal, no se había alimentado correctamente, la sangre le llamaba, aún cuando intentaba verse normal para poder estar a la par de Cédric, su naturaleza vampírica continuaba jalándola, atrayéndola. Su lado salvaje buscaba salir, habían momentos (como aquellos que afrontaba en ese preciso instante) en los que deseaba incrustar sus colmillos en el cuello de un frágil humano, penetrar la piel, sentir la calidez de la sangre deslizándose por su garganta la cual, segundo a segundo le quemaba. ¡Maldita sea! Como odiaba sentirse como un neófito. Y hubiera estado a punto de atacar… De no ser porque un mal presentimiento le perforó el pecho como si de una flecha se tratase, era la clase de sentimiento frío, era… Como ese sexto sentido que solo se da una vez cada cierto tiempo; sin embargo, la voz.. O más bien, el pensamiento de sus hermanos llegaba uno tras otro. ¿Qué significaba aquello? Se escuchaban desesperados, aturdidos. Necesitaban ayuda.

La fiera vampiresa apretaba sus dientes, mostrando sus colmillos mientras que su mirada escarlata se encendía en furia por las súplicas y gritos de auxilio de sus hermanos (sobre todo, de los más jóvenes), fue en ese momento en el cual Pandora se decidió en regresar. Determinante, y con la elegancia tan pulcra de una princesa caminaba con prisa, deseando que las cosas no estuvieran tan mal como se escuchaban en sus pensamientos; sin embargo, abruptamente se detenía, estaba en un transe, en una clase de shock de la cual cada músculo, cada parte, cada sección de su cuerpo… Se encontraba congelada. A unos cuantos metros de sí misma, el cuerpo de quien, una vez había sido su amado Cédric se encontraba partido en dos, un charco de aquel vitae escarlata estaba derramado en el suelo, entremezclado con las entrañas del inerte cuerpo, estaba… ¿Muerto? Pandora mantenía su figura estática. Sus ojos se veían fríos, sin vida. No había rastro alguno de la belleza y el brillo infantil que acostumbraba a llevar su mirada. Fue en ese instante en el que sentía la presencia de una criatura en la cercanía. Su inmundo aroma le confirmaba que, efectivamente, se trataba de uno de los perros pertenecientes a la manada de los licántropos. Le admiraba con la rabia contenida, aunque no por mucho tiempo… El sucio animal se inclinaba sobre sus patas traseras, haciendo alarde de sus perfectos músculos salvajes, saltando con perfección sobre el inerte cuerpo de Cédric, incrustando sus garras en la cabeza del cadáver.

Fue el detonante, Pandora en un parpadeo se movía como el viento, empuñado su diestra con  rapidez para estamparle un contundente golpe en el hocico al maldito animal. ¿Cómo se atrevía? ¿Qué no honraban  las alianzas? Pandora como princesa era la más hermosa dama que jamás habría pisado la tierra, como seductora era una peligrosa tentación; pero como enemiga, era un fuego con el que no muchos sabían lidiar. Indomable, incontrolable. Asestaba uno tras otro los golpes contra la bestia lupina, posicionándose sobre el lomo de la misma criatura y arañando directamente sus ojos con las intensiones de cegarle, tal y como lo estaba consiguiendo. Los gruñidos y bufidos del asqueroso perro le repugnaban; pero los quejidos y alaridos le resultaban tan gratificantes, era un deleite el poder infringir ese dolor. Una inyección de adrenalina parecía disminuir su histeria, infringir daño la tranquilizaba, ese lado sádico y sediento que dormía en lo más profundo de ella se encontraba a flor de piel, incontrolable por la muerte de quien había logrado despertar su corazón por primera vez en muchos siglos… Incrustaba sus uñas en la piel del can, abandonando el lomo del lobo en cuestión de segundos, era mucho más rápida que la mismísima brisa, y por ello, aprovechándose de la ceguera del lobo, Pandora, solo penetraba la carne del can, sintiendo la piel desgarrarse entre sus propias garras, disfrutaba de perforarle… Penetrarle y sentir su calidez rodear su frígida piel, sin titubeos, tomaba entre sus manos el corazón de aquella criatura, retirándolo de su cuerpo con  gran facilidad. – He sido más generosa de lo que creía… Maldita escoria – Susurró casi entre quejidos. Conteniendo las ganas de sollozar.

No podía llorar… ¡Claro que no! Dejaba caer el corazón de aquel licántropo en el empedrado del suelo, escuchando únicamente el impacto del órgano inerte sobre la piedra. Su mirada inmediatamente se dirigía al cuerpo de su ahora difunto amado, paso a paso, poco a poco, Pandora caminaba con inseguros pasos. Repitiéndose a sí misma que se trataba de una pesadilla, una cruel pesadilla, más nada. Pero la punzada en su pecho era real… El dolor era tan fiel, sentía como un agujero crecía en su pecho, el frío de la soledad comenzaba a calar cada rincón  de su cuerpo, recordándole que, no podría admirar esa preciosa sonrisa nunca más, que no podría escuchar sus palabras, la calidez de su cuerpo… La sensación de sus caricias por sobre su piel, no podría jamás volver a entonar una melodía en el piano como tanto disfrutaban hacer ambos. Tragaba en seco, sintiéndose temblar, deseaba romperse… Romperse en llanto, dejar salir todo lo que le asediaba en ese momento; sin embargo, un zarpazo le envió directamente al suelo.

Arde…Duele… Pero… Quizás… Sea lo mejor para poder llegar con él… Deseo encontrarme con él… Oh…. No será posible Cédric era una criatura que tenía sangre pura, era un mestizo con antecedentes celestiales, sería el último lugar a donde la condenada podría ir. Nunca podría encontrarle… Lo último que recordaba haber visto, era como el otro lycan caía a los pies de la bestia que ella misma había asesinado. Murmurando un débil Tyr… Hermano… – Uhm… ¿Así que ese era su nombre?.. –Susurraba mientras que la vampiresa perdía por completo la consciencia. Se había descuidado, todos sus sentidos habían estado alterados debido al impacto por la muerte de Cédric. Uno… Dos… Tres… ¿Cuántos llevan? ¿De quién es ese palpitar? Desde hace algunos minutos había estado escuchando un calmo palpitar.. La vampiresa creía estar muerta. – Sé que estás despierta. Has recuperado el color de las mejillas. Y la palidez que tenías ahora presenta un tono tal y como lo recuerdo. Tal cual una muñeca de porcelana –Escuchó la inmortal, abriendo sus orbes de ipso facto en cuanto escuchó esa voz, reconociéndola al instante. Presentaba una pequeña sonrisa en sus finas facciones, una primera sonrisa luego de todo lo vivido –No puedo creer que seas tú… Yoochun –Pronunció la vampiresa, sonriente. ¿Cómo expresar lo que realmente sentía? Poder ver a su mejor amigo era lo mejor que podía haberle pasado… Aunque no comprendía muy bien el porqué de su presencia en ese lugar, mucho menos el cómo se había recuperado de aquel ataque de… AltoTú… ¿Me ayudaste? – La única forma en la que un antiguo como lo era Pandora podría recuperarse eventualmente de aquella herida sería por la ingesta de sangre, y el único humano en la cercanía, era él.

Su mejor amigo le resumió absolutamente todo lo sucedido en el lapso de tiempo que duró su letargo, había estado inconsciente por casi una semana, recibiendo pequeñas dosis de sangre proporcionadas voluntariamente por su mejor amigo. – Todo fue un caos. La guerra nos alcanzó a todos, enfrentando a todos contra todos sin tregua alguna, las alianzas se rompieron y la confianza se desquebrajó. Tornando ese breve instante de paz en tiempos de guerra. –Pandora se encogía de hombros, permaneciendo cabizbaja por unos segundos antes de que algo llamara su atención. Yoochun le tendía un pequeño paquete, el mismo envuelto en una tela de finísima seda totalmente blanca que dejaba entrever la caja de madera que alguna vez, ella había cuidado con tanto ahínco. La vampiresa colocaba su mano por sobre la tela, deslizando sus dígitos con calma, acariciando la seda con la yema de sus dígitos índice y medio… Era tan tersa, anhelaba tocar superficies como aquellas. Pandora era tan curiosa, no perdía esa característica tan propia – Cuando me dijiste que pensabas morir, realmente no supe cómo sentirme. No vuelvas a hacerlo nunca – Era regañada por el mayor (visualmente hablando, ya que en edad, Suzy era realmente una anciana de siglo). Pandora reía con gracia, pronunciando aquella angelical expresión tan dulce, manifestando la peligrosa perfección de su naturaleza inmortal. Era tan bella, como un mismísimo celestial, sus cabellos caían en delicadas ondas por los laterales de su rostro, y adornaban su espalda en esa cascada de risos dorados; pero a su vez, sus orbes peligrosamente encendidos con ese escarlata tan intenso, similar a la sangre que anhelaba por beber. – Gracias por cuidar mis recuerdos… Son muy especiales para mi ¿Sabes? –Pronunciaba la condenada de bellas facciones, tomando la prenda de seda para deslizarla y poder descubrir la pequeña cajita de madera, abriendo la misma con calma y encontrando cartas… Fotografías y partituras de canciones que, alguna vez, Cédric le había dedicado. Largó un suspiro… Podía desligarse de las emociones, era obvio… Era un ser maldito que mataba y robaba la vitalidad de los humanos gota por gota, drenando su más preciada vida, pero no podía dejar de sentirse con un profundo agujero. Pandora se armó de valor para tomar todos los recuerdos que guardaba de su amado en aquella pequeña cajita, los empuñaba en sus delicadas y femeninas manos, arrugándolos mientras que negaba con la cabeza al mismo tiempo que tomaba una a un a las fotografías y ante la atenta mirada de Yoochun las resquebrajaba completamente. – Quiero quemar esto.. ¿Me podrías ayudar? -¿A quién más acudir sino su mejor amigo? Él la admiraba con una expresión preocupada, temiendo perderla nuevamente, probablemente. Pero Suzy sabía perfectamente lo que haría.

A la distancia la vampiresa de hermosas facciones admiraba el humo de aquellos recuerdos, los únicos recuerdos que poseía de quien una vez fue, el amor de su vida… De aquella vida inmortal. El crepitar de las llamas le recordaba que no podría regresar el tiempo atrás, que todo se consumía al igual que sus propios sentimientos. – ¿Sabes? Perder a una persona amada es realmente doloroso –Le dejaba saber en susurros al contrario. Pandora sabía que la vida de los humanos era sumamente frágil. Por ello, sus orbes se abrieron  casi con sorpresa. Yoochun era… Un humano. ¿Y si algún accidente se lo arrebataba definitivamente como lo había hecho con Cédric? Y si no era un accidente, el tiempo en los humanos era como un suspiro en la vida inmortal de la condenada, maldita por siempre a beber sangre de los vivos. Perdurando por generaciones y siglos. No iba a permitir aquello, no permitiría que nada de eso suceda. En un arrebato de temor y pánico, la vampiresa se abrazaba al mayor, estrechándole con suavidad, con cariño. Tal cual una niña pequeña en busca de afecto. – Eres mi más grande amigo… No sé qué haría sin ti… Es por eso.. –Susurraba cantarinas palabras la bella vampiresa, apenas desprendiéndose del abrazo lo suficiente como para distanciarse unos cuantos centímetros del cuerpo ajeno, aquello únicamente para poder apreciar el rostro ya marcado de su mejor amigo. El paso de los años no se veía en vano, y eso le aterró. No me volverán  a quitar a nadie más se decía a sí misma. Endureciendo las facciones de su fino rostro, pronunciando la fiereza de su espíritu indomable y salvaje. Fue en ese momento que, en un rápido movimiento, la vampiresa incrustaba sus colmillos en la piel del cuello de su contrario. Aah… Ese peculiar sonido al penetrar la epidermis, era una verdadera delicia. – Su-Suzy… ¿Qu-ue estás..? -Apenas escuchaba aquellas palabras entre alaridos, sentía cómo el mayor presionaba sus manos contra los hombros de la más pequeña, intentando empujarle con fuerza durante los primeros segundos; no por mucho tiempo, naturalmente. La mordida de un vampiro era el más puro placer… Era una inyección directa de placer, un placer indescriptible, no se asemejaba a nada. El placer carnal quedaba relegado y reducido a la nada misma a comparación. Pandora continuaba succionando del cuello de su mejor amigo, sintiendo como la calidez de la sangre ajena llenaba sus venas por completo. Lentamente la vampiresa resaltaba su belleza, pues la vitalidad del humano era arrebatada trago a trago, Yoochun se aferraba a la inmortal, jadeante y completamente entregado, sintiendo su cuerpo retorcerse del placer, del éxtasis que le entregaba el ser mordido por un ser de la noche, un maldito.

Una muerte placentera, deliciosamente tortuosa, cambiar la vida por segundos de satisfacción tan banal como lo eran el placer… Humanos, tan dóciles, tan carnales, tan fáciles de manipular. Los latidos del corazón ajeno lentamente se desvanecían, el saludable y tan lleno de vida corazón de su mejor amigo se apagaba… Latía tan débil, como si en cualquier momento, su vida se fuera a extinguir. – No dejaré que nada te aparte de mi ¿está bien? –Susurraba la vampiresa, segura de sus propias palabras. El cuerpo de Yoochun cedía, débil, incapaz de mantenerse en pie por sí solo. Pandora únicamente le rodeaba con facilidad, no le resultaba problema alguno el cargar el cuerpo del más grande y acomodarlo sobre el suelo de aquella habitación, estaba demasiado pálido, moribundo, la vida se le escapaba de las manos. Que hilarante resultaba el pensar que Pandora había obrado para proteger la vida del mayor, y ahora, había sido ella misma quien le arrebataba la vida con  la intensión  de otorgarle una mucho más resistente. Uno… Dos..Tres… Cuatro… Bien, ya era hora. Suzy guiaba su propio brazo hacia sus labios, perforando la piel de su muñera, incrustando el filo de sus colmillos en la vena principal de su brazo y de esa forma, dejar que sea su propia sangre la que cayese gota por gota. La vampiresa acercaba su muñeca hacia los labios del humano, dejando que degustara de su propia sangre. La misma que, llenaría por completo su cuerpo en el lecho de muerte. En cuanto su cuerpo no resista más la falta de sangre, moriría. Era un camino irreversible. Su propia sangre comenzaría la transición en el cuerpo ajeno. Era cuestión de esperar… Y para esperar, Pandora tenía mucho tiempo.

Los sentidos te van a aturdir por los primeros meses, quizás años. Todo depende lo adaptable que seas a las circunstancias


Pandora tenía madera de mentora, instruía a los recién nacidos en el clan de su padre. – Oh… Papi… ¿Habrás sobrevivido? sé que sí –Hablaba consigo misma. Ahora con Yoochun bajo su tutela, podía dejar tranquilamente aquel escenario en ruinas y buscar un nuevo lugar donde poder asentarse, o quizás buscar algunas pistas de sus hermanos. Yoochun era calmo, era un ejemplar realmente exquisito, era la clase de joya que se encuentra una sola vez en la vida; pero así como poseía todo aquello de bello y esplendoroso, poseía cierto grado de descontrol que no podía controlar tan fácilmente. Era muy vulnerable a la sangre humana al pasado de las horas respectivas. Debía mantener una ración extra de sangre fresca para poder calmar esas ansias, ese ardor que le expresaba.

Sé que sientes ardor, tu garganta quema… Pero debes poder controlarlo. Tú eres más grande que las ansias

Aún cuando intentaba hacerle comprender que podía controlar sus ansias, no evitó que ese fatídico día llegara. Una noche en la que no habían podido cazar a la hora acostumbrada, Yoochun con desesperación siguió el rastro de una fragancia sumamente dulce, era el aroma más delicioso nunca antes sentido. Pandora temía que se tratara de.. – Detente –Le ordenó. – No querrás cargar con esa culpa – Determinante. Pandora era mucho más rápida y fuerte que Yoochun. Por los años podía controlarle perfectamente; sin embargo, en ese instante, las cosas se salieron de control y el más grande tomó entre sus brazos a su presa… Una pequeña niña de apenas seis años de edad. Una preciosa pequeña de cabello negro como la noche, de piel sumamente clara y de finas facciones rasgadas. Temerosa intentaba liberarse de los brazos que la apresaron, pero lo único que Pandora pudo apreciar fue cómo la fiereza de su mejor amigo se convertía en un hambre desesperada. El frenesí era un descontrol que muchos neófitos tienden a padecer al menos, hasta cuando puedan controlar su lado vampírico a la perfección. Solo se escuchó un leve grito, apenas en un hilo de voz sumamente leve, incluso suplicante. El corazón de la pequeña no duraría demasiado, por lo que, con gran rapidez era drenada por completo. La antigua admiraba al neófito con fijeza, sus propios orbes se encontraban escarlata por el aroma a sangre que inundaba el ambiente como un perfecto perfume.  Tal y como lo había sospechado, la menor no duró demasiado, pensó por un  momento el poder ayudarla a sobrevivir al ofrecerle un poco de su sangre; sin embargo, no encontró rastro alguno de su esencia. La había drenado por completo, la había secado. Sabía que aquella acción  tendría una reacción en el comportamiento de su amigo, lo veía en su expresión, era severa. Era dura… ¿Qué era lo que se imaginaba? Quizás imaginaba algo similar con su hija. Recordaba que su amigo había adoptado a una pequeña que ahora estaría rondando los dieciocho años de edad si mal no recordaba.

-¿Sabes? Cuando fui neófita una vez, acabé con todo un pueblo en aquel entonces –Le mencionaba a su amigo, sonriendo tenue mientras que caminaba en su compañía. Sabía que el remordimiento le consumía, llegando incluso a hacerle sentir miserable dentro de la condena que posee todo maldito. Seres oscuros de la noche que arrebatan la vida de los humanos sin ningún cuidado. Suzy se había asegurado de dejar a la pequeña en un lugar apropiado en donde pudiera ser encontrada, al menos, eso sería suficiente.

Muchos acontecimientos habían obligado a los condenados a viajar de país en país. Las sospechas de los seres inmortales que no salen durante el día, los preciosos seres que con su presencia atraían a más de una docena, la desaparición de las personas con la llegada de los nuevos forasteros. Muchos pueblos del Europa antiguo tendrían a creer, que los nuevos forasteros eran peligrosos, sobre todo, cuando las personas desaparecían sin dejar rastro alguno, y si aparecían, encontraban extrañas marcas que perforaban la epidermis de sus cuellos en una zona precisa, sus cuerpos drenados de sangre, se hablaba de los seres de la noche los demonios de ojos rojos, los condenados herederos del maldito Caín que habían llegado a maldecir el pueblo hasta dejarlo reducido a la nada.

-Es complicado intentar asentarse cuando suceden esta clase de cosas –Mencionaba la vampiresa mientras que se dejaba caer sobre uno de los sillones, era realmente cómodo, mullido. El terciopelo era tan terso. – ¿Ya es hora de irnos nuevamente? –Cuestionaba Yoochun, por lo que Pandora únicamente afirmaba con la cabeza mientras que pensaba en el siguiente destino al cual visitar. – He escuchado un rumor… Así que nuestro próximo destino, definitivamente, será Italia – Le expresó a Yoochun.

Italia siempre fue catalogada como una de las ciudades más bellas. Pandora para no levantar sospechas regresaba a utilizar su encanto infantil, ese lado ingenuo que poseía tan arraigado, utilizando su encanto, su belleza, esa preciosa expresión de muñequita para controlar y manipular a los humanos a su conveniencia, hipnotizándolos a su beneficio. Previamente antes de llegar, Pandora había tenido una pequeña charla con Yoochun, debían ser lo más discretos posibles, y aunque no sea lo acostumbrado, debían comenzar a turnar los días de cacería, o, sencillamente hipnotizar alguna mujer que trabaje en un banco de sangre y que les proporciones una dotación de sangre en bolsas para emergencia en los días en los que no puedan salir a las calles a cazar humanos frescos. Pandora había escuchado rumores de los seres de noche en aquella ciudad de Europa y deseaba poder encontrarlos, quizás sea alguien que ella conozca. Tenía la esperanza de poder encontrar un vástago de su misma casta. Tenía la ilusión de encontrar a su padre… A sus hermanos. ¿Era mucho pedir aquello? No se sentía sola, con Yoochun no lo estaba, pero… Deseaba poder saber qué era de sus demás hermanos.

Si había algo que nunca le había gustado a Suzy era el fingir que era una colegiaba. ¿Cuántas veces había cursado la secundaria ya? Pues, vaya a saber cuántas veces exactamente. Lo que sabía era que, si pudiera coleccionar sombreros de graduación, tendría una casa llena de todos ellos, diplomas de diferentes instituciones y en diferentes idiomas. Louis, uno de sus hermanos (y antiguos vampiros de su casta) solían regañarla constantemente para mencionarle lo importante que era el conocer el comportamiento de los humanos con la evolución de los años, por lo que era apropiado el codearse con ellos, conocer la sociedad que nos rodea para adaptarla a las vidas que poseían los seres inmortales. ¿Era lo que necesitaba? Suzy era bastante inestable, volátil. No negaría que su seducción en cuanto a la caza de humanos era realmente sorprendente, pero no tenía nada que ver aquello, con querer conocer el pensamiento de los humanos. Alguna vez les había tenido aprecio pues, uno de sus más preciados amigos era uno, pero ella misma se había asegurado de convertirlo en un inmortal. La vida escolar era monótona, era aburrido el fingir no conocer la historia de Europa, le aburría de sobremanera; pero algo definitivamente le había llamado la atención. En el receso, un grupo de muchachos repartían volantes para el festival de máscaras que usualmente celebra Venecia. Un carnaval tradicional que lleva siendo festejado desde 1296 en donde, la realeza de disfrazaba para mezclarse con los plebeyos en aquellas épocas antiguas. Había escuchado tanto sobre el carnaval de Venecia, pero nunca lo había podido vivir o celebrar como se debía. ¿Por qué no intentar algo? Suzy había adquirido un par de máscaras, era evidente que planeaba invitar a Yoochun a celebrar un poco, desde que le aconsejó retornar a las actividades de modelaje y actuación, el apego de los humanos hacia él ha incrementado, evidentemente, por tratarse de un inmortal. Los vampiros atraen a los humanos como abejas a la miel, sin poder evitar la atracción, caen en los encantos naturales del depredador. – ¿Qué te parece? Hace mucho que no te diviertes. Usa tus eternos años de juventud –Le expresaba la dulce vampiresa, paseando por la habitación con la elegante máscara que adornaba su rostro de forma perfecta. Su porte y su presencia misma la imponían como una importante invitada, heredera de la realeza quizás. –Está bien, pero solo porque… Me trataste de decir viejo –Pandora bufaba ante las palabras de Yoochun, sonriendo tenue mientras que esperaba algo inesperado aquella noche.

La noche era joven, eran apenas las doce en punto de la noche y el cielo marcaba una negrura tan intensa que convertía las decoraciones del carnaval en un mágico escenario digno de apreciar. La joven y hermosa vampiresa vestía un elegante vestido de noche color negro, con un escote no muy pronunciado, pero permitiendo que los atributos de figura fueran destacados con perfección, convirtiéndola en el centro de todas las miradas, sobretodo, por aquella presencia vampírica que la hacía irresistible ante la mirada humana. Hombres y mujeres por igual, perdían la mirada en la doncella de la noche, la misma que, peligrosa, asechaba a su alrededor, encontrándose en su propio terreno de caza, buscaba asestar al premio mayor. Pandora era tan exquisita con la comida, era demasiado quisquillosa y no se atrevía a morder a cualquier persona que no fuese digna. Sentía la mirada de muchos sobre ella, comenzaba a desagradarle, comenzaba a ponerla de mal humor porque no encontraba lo que deseaba. No habían restos de Yoochun, por lo que, intuía, que había encontrado alguna presa con la cual divertirse. – Permítame decirle, preciosa dama, que es la más hermosa que mis ojos hayan visto –Eso era… Suzy se sintió aturdida por unos segundos, ese aroma era realmente delicioso, era el aroma más delicioso que había apreciado de un muchacho. Sabía que era un muchacho, lo podía saber por los latidos de su corazón. Sonrió a pesar de que la máscara le impidiera mostrar tal grácil sonrisa, el muchacho le tendía la mano en gesto caballeroso, lo que Suzy correspondió sin dudarlo, pero reaccionando tarde ante el hecho de que, su propia piel siempre se encontraba fría y congelada, por lo que el muchacho tomaba ambas manos de forma atenta intentando calentarle de alguna forma – Creo que tienes un poco de frío –Maldición… Tenía que morderlo, era.. ¿Perfecto? Desde luego. Notaba algo en ese muchacho, quizás su esencia, le sentía preocupado, él reaccionaba ante su propia aura vampírica, actuaba por impulsos humanos, siendo atraído a lo hermoso que, oculto, era la más peligrosa belleza.

-Tienes una voz melancólica ¿O es idea mía? Caballero sin nombre, está causando que me carcoma la curiosidad~ -Le expresaba la vampiresa, con grácil tono de voz , cantarín y armonioso. Causando un estremecimiento en el cuerpo ajeno.

-Lo lamento… Recordé por un momento a mi hermanita. Ella solía hablar como lo haces tú. Tenía una hermosa voz tan melodiosa para ser pequeña. Lástima que… Fue asesinada por… Algo

-¿Algo? – Pandora se mantenía alerta en cuanto la conversación tomaba ese rumbo.

-No tiene caso… A veces solo pienso ¿Cómo sería si realmente hubiese tomado el lugar alguna de las dos? –Su voz se escuchaba aún mucho más lamentable y culpable. Suzy sentía que no podía detenerse, deseaba saber… Deseaba ver, conocer. Con calma, sus manos se detenían en los laterales de aquella máscara blanca que cubría completamente su rostro, retirándola con calma y dejando al descubierto el rostro ajeno con calma. El duelo de aquella voz, tenía una mirada mucho más frígida y distante. Unos ojos de color gris que carecían de brillo ingenuo, era la clase de mirada afilada tan atractiva que le dejaba completamente perdida. ¿Cómo un humano podía poseer tal frialdad en su mirada? Sus rasgos eran sumamente pulcros, su piel era nívea, completamente blanca y palidecía. Sonreía de forma coqueta, ladeando su sonrisa hacia un costado, y, causando que se remarcaran unos perfectos hoyuelos en sus mejillas. Por su parte, el muchacho realizaba la misma acción con su propia máscara, descubriendo el rostro de la condenada y perdiéndose en la belleza inmortal. Su expresión era la esperada, estaba completamente hechizado.

-¿A qué te refieres con… Tomar el lugar de las dos? –Cuestionó Suzy mientras que perdía su mirada en los grises orbes ajenos.

-¿A morir? Tener otra vida no es algo que cualquiera pueda tener..

-Tienes razón… No cualquiera puede tenerla, pero… ¿Qué harías si tú pudieses tenerla? –Le cuestionó al muchacho. Él mismo colocaba su diestra sobre la mejilla de la vampiresa, acariciando la misma con premura, con suavidad, absorto en la tersa tez de la condenada, el deseo que sentía el uno con el otro era evidente, el cuerpo se estremecía con la caricia del contrario, era un reconocimiento parcial y total entre ambos. Era química pura... Perdiendo el control y uniendo sus labios con los labios de color cereza de la vampiresa. Lento, pausado, sus labios parecían reconocerse el uno con el otro, fue apenas un beso fugaz el que compartieron antes de apreciar la afirmativa en la mirada de ese muchacho que se había llevado por completo la atención de la condenada. Pandora no dudó ni un solo instante en perforar el cuello de ese precioso muchacho, era una debilidad tan grande cuan do encontraba una joya como aquella. Por unos segundos se tensaba… El sabor de aquel vitae, la esencia que degustaba, era similar a la de aquella pequeña que Yoochun había atacado hace tiempo. ¿Sería posible que… Aquella pequeña, fuese su pequeña hermana?  No podía detenerse, no deseaba detenerse, el sabor de aquel vitae era demasiado irresistible, era un verdadero manjar. No se preocupaba demasiado al respecto, sabía que él disfrutaba de aquel encuentro mucho más de lo que habría esperado, lo sabía por los quejidos que llegaba a escuchar. La mordida de un vampiro podía ser la más letal, pero la más placentera que podría existir, le inyectaba una dosis de placer que aturdiría por completo sus sentidos e incluso le obligaría a pedir por más. Pero no era su intensión asesinarlo, no, claro que no… Se distanciaba del muchacho en cuanto su palpitar parecía estar a punto de detenerse. – Estarás a punto de tener lo que deseaste.. Una nueva vida, algo que no muchos pueden tener, pero que solo se otorga una vez en la vida. Toma la oportunidad… Y conviértete en el dueño completo de los hilos, de tu destino.. –Le mencionaba mientras que, mordía su propia muñeca para ofrecerle de su propia sangre al muchacho. – Bebe… Y no tendrás que preocuparte por nada más, por toda una eternidad. Bebe… Y te podré tener por siempre –Le aseguraba.

El muchacho solo tomaba aquel delicado brazo, acercando sus brazos hacia la muñera de la vampiresa y empezaba a succionar. La sangre de un vampiro de gran antigüedad como lo era Pandora, era un manjar para los humanos en transición. Era como una bebida dulce, cálida, era vida, era adictivo, era la perdición completa. Comenzaba a lastimarla, estaba succionando mucha más sangre de la que debería, por lo que Suzy se vio obligada a empujarle con una de sus manos libres. Fue en ese momento que apreció al muchacho retorciéndose en el suelo, escuchaba sus huesos crujir, sentía cómo su respirar se aceleraba, cómo su corazón latía con prisa. La transición… Siempre es dolorosa para cada persona, es la muerte misma del cuerpo humano, es la extinción de la vida, es cruzar el umbral de la muerte y engañarla con un juego de azar bastante peligroso. Es abrazar la muerte y pasar a ser el verdugo detrás de las incontables vidas humanas que van a salvar la tuya con la sangre que corre por sus venasCuando mueras… Búscame. Ese beso queda pendiente, porque… Siento que estando con los sentidos mucho más desarrollados, no nos quedaremos únicamente en ello. Pandora es mi nombre.. Sé que lo recordarás –Murmuró antes de desaparecer en cuestión de segundos, como un parpadeo, como la brisa, podía desvanecerse entre el aire y perderse entre la multitud. Había sido una noche perfecta de carnaval, y no solo se había alimentado, sino que… Había encontrado una joya con la cual podría divertirse en un futuro no muy lejano.
Curiosidades

Lo que le gusta/odia: Le gusta:
-Gusta de observar las estrellas, asi sean solo segundos, le es suficiente.
-Practicar artes marciales.
-Esgrima [La practica tanto con las tres armas de regla base el florete, la espada, y el sable]
-Tocar el piano.
-Caminatas nocturnas.
-Tener todo bajo control.

Odia:
-El amanecer, le parece una mala combinación del color entre la oscuridad de la noche con el celeste del día.
-La gente confianzuda.
-Que la subestimen.
-Las mentiras.
-Las multitudes.
-Los perros [trauma infantil que se convirtió en odio con el tiempo].
-La traición.

Miedos/Fobias: De niña le temía a los perros, pero dejo de temerles.

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Suzy Bae

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Re: Suzy |Vampiro|

Mensaje por Jaime el Mar Mayo 19, 2015 12:03 am


Bienvenida, Señorita

Es un placer tenerla entre los nuestros aquí en Eternal Exile. No olvide pasearse por la ciudad en busca de una "buena bebida".
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Jaime
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